DES-AJUSTE DE CUENTAS
Por Álvaro José Claro Ríos

 
 

El sol del medio día se filtraba por la ventana. El timbre del celular lo despertó. Camilo no quería contestar porque estaba cansado y, sobre todo, porque la mujer a su lado todavía olía a arándano. Sin embargo se equivocó de botón y contestó. Era Juan, que necesitaba contarle algo. Se citaron en el bar de siempre.

Camilo se arrastró lentamente sobre el colchón, para no despertarla. Se levantó, bostezó, limpió sus ojos y, mirando el croquis de su cuerpo bajo las sábanas, pensó que era una mujer demasiado hermosa, y nada importaba más que eso.

Dejó huellas de agua al salir del baño. Buscó el espejo y comprobó que sus bíceps seguían creciendo. Palpó sus mejillas y las encontró limpias. Se dio unas leves palmadas. Luego se vistió. Preparó un sándwich de huevo. Puso las llaves sobre un papel que decía Fue una noche estupenda, me llamaron de la oficina, quedas en tu casa, Milo. Le acarició el cabello, pero al recordar que se encontraría con Juan, se marchó sin darle un beso.

El lugar estaba deshabitado. Camilo intentó devolverse pero le gritaron desde un rincón. Allí estaba Juan, despeinado, con un zapato desamarrado y el cuello de la camisa manchado de sudor. En la mesa ya había tres botellas vacías. Cuando se dieron la mano, Camilo notó que Juan estaba más delgado, incluso parecía enfermo. Camilo pidió un café; Juan otra cerveza.

-Hermano, ando jodido-dijo Juan-. Micaela me dejó. Llevó cinco días llamándola pero tiene el celular apagado.

-Primero que todo cálmese y espere un poco, vea que si ella se fue, algún motivo habrá tenido.

-Calmarme y esperar un poco… Es muy fácil decirlo, pero desde que Micaela desapareció, mi vida se vino abajo. La cuota del grado aumentó: ahora parece que no me van a dar el título. En el trabajo todos los días me acosan por eso y para rematar, ayer me encontraron una botella de Whisky… porque la verdad, hermano, sin Micaela me la paso tomando hasta caer rendido.

Juan desocupó media botella de un solo trago. Dos gotas salieron de su boca y le bordearon la quijada. Las limpió con la manga de la camisa.

-Debería controlarse, Juanito. Mejor piense por qué se fue. ¿Habían peleado últimamente?

-Yo no sé. Eso es lo que me desespera. Habíamos tenido discusiones, pero nada grave. Yo la quiero, usted sabe. Pero ella siempre anda con dudas sobre los sentimientos, que si lo nuestro todavía es amor o si solo seguimos por costumbre…

-Así son las mujeres y Micaela, por más inteligente que sea, también es una de ellas. Ahí sí como dicen: a uno le toca tener paciencia y tratar de entenderlas.

-Yo sé y le juro que hago el esfuerzo. Pero últimamente estaba muy extraña. Hace semanas que dormía dándome la espalda. Y cuando me saludaba no mostraba ninguna sonrisa. Yo creo que estaba saliendo con otro tipo.

Camilo tomó un sorbo del café y preguntó mirando el interior del vaso:

-¿Por qué dice eso? ¿La ha visto? ¿Tiene sospechas de alguien?

-No, pero debe ser algún conocido, usted sabe que Micaela es de pocos amigos. Quizás es un compañero del trabajo. Si le contara las pesadillas que he padecido desde que tuve esa idea. Anoche la vi con un vestido blanco que le cubría los pies. Al pasar a mi lado sentí ese aroma dulce de su cabello que me encanta pero no puedo definir. Siguió caminando hasta otro hombre, mucho más alto y fuerte que yo. Empezaron a bailar. Estaban en un salón con dos escaleras de mármol en el fondo. Se miraban a los ojos, aunque ella a veces apoyaba el rostro contra su pecho. Pero de pronto todo cambió y estaban desnudos en una habitación, donde la luna se asomaba a través de la ventana. Yo me encontraba en el techo, pues veía la espalda del hombre frunciéndose sobre Micaela, y al mismo tiempo veía el rostro de ella, con los ojos cerrados y sudando de placer. Cuando ella me miró, desperté…

En ese momento, Micaela también despertó. No necesitó mucho tiempo para reconocer el lugar. Tampoco demoró en recordar lo ocurrido: llevaba varios días sin verlo, pero seguía pensando en él. Eso la llenó de rabia. Con rabia y con deseo pasó la noche junto a su amigo. Pero no estaba satisfecha. Su cuerpo tonificado se cansaba muy rápido, incluso más rápido que el de Juan. A decir verdad, en la noche, más que hacerle el amor a ella, Micaela sintió que Camilo se hacía el amor a él mismo. Se levantó, se vistió, cogió las llaves y, sin leer la nota, salió rumbo a su antigua casa.

En el taxi, Micaela mordió sus nudillos para cambiar el dolor del alma por uno físico. La radio susurraba que no le digan a nadie que tomé el camino de los que no quieren… Pensó en lo que había cometido. Se dio cuenta de que su relación con Juan se había estropeado para siempre y entonces no pudo evitarlo: el llanto opacó su rostro. En la casa, ignoró el desorden y se dio un baño. Un poco más calmada, decidió esperar a Juan para contarle lo ocurrido. Quizás enloqueciera, pero no era justo que permaneciera sin saberlo.

Mientras tanto, en el bar Juan bebía la octava cerveza. Camilo no había pedido nada más. Estaba aburrido, pero no se marchaba para no generar sospechas. Juan le dijo:

- El problema es que no sería capaz de lastimarla. Pero si me entero de que me está engañando, le juro que no descanso hasta aplastar la cabeza del sapo.

Juan golpeó la mesa con una botella.

-¿Sabe qué? Discúlpeme, usted no tiene que lidiar con mis problemas. Mejor hablemos de otra cosa - El mentón de Juan cayó sobre su pecho.

-Tranquilo Juanito, aunque siempre existe el riesgo de que suceda, cuando al fin se acaba una relación, uno se queda vacío. Si necesita desahogarse o cualquier otra cosa, llámeme, para algo somos amigos.

-Bueno, ya, no se preocupe. Vea que ni siquiera le he preguntado por su vida, ¿está saliendo con alguien? ¿Cómo le ha ido en el trabajo? Definitivamente soy un egoísta. Por eso me dejó Micaela. Ya no hay solución, lo mejor es que no lo fastidie con mis asuntos.

Juan se levantó y Camilo observó su caminar zigzagueante hasta que desapareció tras la puerta. Algo como una barra de acero le atravesó el estómago. Juan y él se conocían desde niños. Jugaron en el mismo equipo de futbol, hicieron juntos la primera comunión y permanecieron muy unidos hasta que, en la universidad, eligieron programas distintos. Camilo se sacó la barra de acero acariciando sus bíceps. No era culpa suya que Juan hubiera degenerado. Debió graduarse hace años, pero no lo hizo por andar de farra con otros amigos.

Tampoco era culpa suya que Juan no fuera muy atractivo. Desde niños, Camilo tuvo más novias. De hecho, varias novias de Juan, primero lo fueron de Camilo. Sonrió. Era increíble que Micaela lo hubiera soportado tanto, pese al acné que aún padecía. En cambio él, siempre fuerte, bien educado y muy limpio. No como Juan que, de cerca, producía náuseas con su halitosis. Camilo acarició su quijada y miró la mesa.

Su risa se convirtió en rabia. Juan se había marchado sin pagar la cuenta. Ahora tendría que pagarla él, aunque sólo había pedido un café. No importaba. Desde hacía tiempo no le faltaba el dinero. Además, si ese era el precio por estar con Micaela, lo pagaría con gusto. A lo mejor el pobre Juan no tendría ni un peso en los bolsillos. Camilo volvió a sonreír.

Pero nunca imaginó que Juan, al salir del bar, fue hasta la casa. Allí encontró a Micaela quien, como se lo había propuesto, le confesó lo sucedido. Juan gritó y estrelló varios puños contra la pared. Micaela pidió disculpas y prometió desaparecer para siempre. Cuando volvió a quedar solo, Juan fue al baño y limpió la sangre de sus nudillos. Después entró a la habitación, abrió el armario, guardó algo entre sus bolsillos y salió de nuevo en busca de Camilo.

 

Álvaro José Claro Ríos, nació en Bucaramanga, en 1989, co-fundador del Colectivo NPM y del cine club Tres Agujas. Ha publicado textos en el complemento cultural de Vanguardia Liberal (2007) y en el periódico cultural Auditorio (2010). Hizo parte del libro Líneas de sombra: antología de cuentos del taller Renata-UIS (2010).

"Una noche me desperté con ganas de orinar, fui al baño y al regresar a mi habitación la almohada debajo de la cobija formaba una figura de humano, entonces surgió la idea de un desdoblamiento, y la escribí". Esta experiencia hizo que Álvaro José Claro, estudiante de la Universidad Industrial de Santander, escribiera Sueño eterno, el cuento que ahora es reconocido como uno de los mejores en el Cuarto Concurso Nacional de Cuento.

Con 21 años, este estudiante de Licenciatura en Español y Literatura señala que anteriormente ya había enviado cuentos a varios concursos, destacando que su parte favorita del proceso de participación en el concurso organizado por el Ministerio de Educación y RCN fue la creación de su historia.

Álvaro José ve la escritura como un acto solitario, pero reconoce el constante apoyo de su ex novia Dinia Oriana, quien estuvo pendiente de su participación en el Concurso, y de otras personas fundamentales para crear el cuento que hoy es reconocido como uno de los mejores del país escrito por un estudiante de educación superior.

Entre las personas que destaca como apoyos en sus procesos literarios están Fabián Mauricio Martínez y Jesús Antonio Álvarez, el primero director del taller de literatura RENATA-UIS, y el segundo escritor santandereano. "Su apoyo consistió en prestarme libros, recomendarme autores, leer mis cuentos y hacerle correcciones, sugerencias y cumplidos; en una palabra, como decimos acá en Bucaramanga, el apoyo que ellos me ofrecieron fue el de ''tallerear'' mis textos para que quedaran más sutiles y estéticos, esféricos, como diría Julio Cortázar". (enero 2012)


De: Álvaro José Claro Ríos [mailto:horrorva@hotmail.com]
Enviado el: Lunes, 30 de Enero de 2012 10:51 p.m.
Para: Alvaro Antonio Claro Claro

Pues qué te cuento de mi familia. Mi abuelo paterno era Pedro Lucas Claro, esposo de Riquilda Arévalo, ambos difuntos en este momento -mi abuela falleció dolorosa y recientemente aquí en Bucaramanga-. Mi padre se llama Ariosto Claro y mi madre Beatriz Ríos. Entre las cosas relevantes de mi familia y Ocaña, cabe señalar que mi tío es John Claro Arévalo, músico, fundador junto a Andrés Páez de Música para el pie izquierdo, agrupación que, entre otras, ha ganado varias veces el premio Mono Núñez. Actualmente John Claro es concejal de Bucaramanga (aunque parezca imposible, logramos que la ciudad se movilizara a favor de un proyecto político basado en el arte y la cultura). Y por mi parte: estoy cursando las últimas materias de Licenciatura en español y literatura en la UIS, y además del concurso de RCN-MEN, recientemente mi primer libro de cuentos, titulado La peste y otras muertes, recibió el premio de las Becas Bicentenario de Creación Artística de la Gobernación de Santander 2011, en el Área de Literatura, modalidad Cuento, como ya te dije.

Me tomo el atrevimiento de adjuntarte una especie de biografía para que te hagas una mejor idea. Además de algunos links con el informe de las becas. De nuevo yo también te agradezco la felicitación y el hecho de tenerme en cuenta para laplayadebelen.org/ te confieso que es una de esas cosas que uno nunca espera pero que generan gran satisfacción-.

Te mando la mejor energía y ojalá nos conozcamos algún día -valga la rima-. Hasta entonces.

http://www.santander.gov.co/gobernacion_mm/estatica/images/noticias/noticias_detalle.php?id=395

http://www.4shared.com/audio/0yCZBo8A/BECADOS_LITERATURA.html (Una breve entrevista)

Álvaro J. Claro