| Mis
versos son así... Guido Pérez
Arévalo |
| | Esa
mirada... ¿Qué
quieres cuando buscas miradas indiscretas y vuelves a mis ojos en cómplice
actitud? Esa
mirada tuya con esplendor de cielo me tiene enajenado pues pienso que
es de amor. Guido
Pérez Arévalo | Nathalia
Catalina
Eres el regalo nunca agradecido al Vigía del Universo que
en su misión creadora sopló en el polvo y con divino esfuerzo logró
el milagro por todos conocido. Guido
Pérez Arévalo | | ¿Poeta? Fatigado
con la poesía de imprenta busqué en mi mundo los versos cultivados
por otros a raudales en labranzas de la lira y el parnaso, territorio hostil
de mi orfandad. Soñaba
con versos de rancio linaje que fueran rapados por los editores. Nacieron
sin casta, en hojas sin precio y fueron el pasto de los insectos aposentados
en mis baúles viejos. Guido
Pérez Arévalo | Traición Al
cálido amor que ayer dejaste consuelo prometí, desesperado. Y
ante Dios de hinojos he rogado el olvido total de tu partida. La
vida me enseñó, señora mía, que no hay amores prisioneros, que
las traiciones tienen su remedio en el calor fugaz de otros encantos. Guido
Pérez Arévalo | | ¿Qué
quieres que diga? Qué
quieres que diga, después de la ausencia de mi añejo pueblo; si
ya no están mis viejos, si el amor con ellos también se marchó. Qué
quieres que diga, frente a tu ventana, si ahora canta otro las canciones
viejas que canté yo ayer. Si
en la misma esquina se apostaron otros, para hablar de amores como yo,
también. Qué
quieres que diga, si la misma luna me contó llorando que te vieron
contando los luceros con él. | La
iscalagüera Mira,
viene muy coloradita, es ella, la chica de mi tierra, ayer bajó como
la flor bonita desde lo más alto de la sierra. Viene
por mimos a la fiesta que darán los galanes citadinos, con danzas
y música de orquesta y sones de amores peregrinos. Volverá
a lo suyo conmovida a buscar como antes su sustento y a seguir la lucha
por la vida. Ella
sabe que el feliz evento, celebrado en fecha repetida tendrá como
ella otro momento.
Guido
Pérez Arévalo | | Los
poetas Los
poetas, amos del candor, hacedores de palabras, señores del verso,
andan por ahí contando sus sueños, gastando el recurso del
tiempo en tiendas de amor. Invierten
en feudos de caras nostalgias y presumen de dueños del cielo y el mar. Asoman
licencias de idiomas del alma y atracan en puertos de ninfas, de musas
con
buques fantasmas cargados de sueños. Deben
ser del mundo etéreo si le cantan a la luna y juegan con el sol de
la mañana; si tejen las redes con planetas rutilantes y disponen
de Dios como testigo. Pretenden
un mundo sin desgracias sin Osamas, sin la soberbia de los yanquis sin el
dolor de nuestra patria amada. Los
poetas, alabado sea el Creador, celebran la sonrisa de los niños y
el sí de la novia deseada, con los colores delicados de la rosa y
la fuerza incontenible del amor. Guido
Pérez Arévalo | La
Casa Mayor Esta
Casa de tapia pisada, cubierta con tejas centenarias, que lucen sus pátinas
barrocas con orgullo de damas colosales... Esta
Casa con zaguán de arriero, y pesebreras entregadas al olvido, con
ecos de recuas remplazadas por cuadrúpedos con ruedas... Esta
Casa, adornada con rosales y bonches, con esmero cultivados, con pisos de
baldosas carcomidas y techos de latas otoñales... Esta
Casa de sueños y nostalgias de abolengos y recia estirpe ha sido mas
no de castas indignas de la raza y de la sangre de Francisco y Juana. Esta
Casa con ecos de peones y trajines de comercio primitivo guarda los olores
de cultivos olvidados en solares que juegan con el ocio. Esta
Casa con fogón de leña y cocina-comedor por todos añorada sirvió
de puerto alegre para arrieros de machos negros y mulas coloradas Esta
Casa de largos corredores tenía horno para pan casero pilones de
madera, molinos de mesa, tiestos de barro, piezas con altares... Y
tinajas de espumosa chicha, cubiertas con retazos blancos, muy blancos
de tules importados que filtraban aromas celestiales. Guido
Pérez Arévalo |
| EL
VIEJO El
mundo construyó cuando todo sonreía y el horizonte verdeaba en
estación de primavera El
tiempo, sin embargo, como Dios, es infinito. Y la vida, don divino, como
el sol, declina.
Guido
Pérez Arévalo |
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| | | | | | | | | | | | | | | | | | | | | | | | Girón,
27 de febrero de 2011 Guido Pérez
Arévalo Cúcuta Apreciado
amigo:
Apenas
terminamos nuestra conversación telefónica, he leído, primero
con atenta curiosidad, luego con sincero entusiasmo, y confieso que con cierta
sorpresa también, sus versos... Si
algo me ha llamado la atención desde el principio ha sido justamente la
casta sensualidad de su lenguaje poético y su enorme capacidad para transustanciarse,
convirtiéndose en música. Sus
notas, en efecto, se elevan y se elevan, acaso en pos de un éxtasis que
halla también en su obra una nueva formulación, heredera, no hay
duda, cuanto superadora de las que en su momento realizaron María Ofelia
Villamizar, Miguel Méndez Camacho, Augusto Ramírez Villamizar y
otros nobles bardos de nuestra literatura nortesantandereana. |
| | La
casa mayor, La iscalagüera, Los poetas, El
viejo, Esa mirada, Catalina... Hay que ser muy valiente
para echar a volar estas palomas blancas a un cielo plagado de buitres. Añada,
pues, a su poesía, el mérito de ir contra corriente, inmolando a
la coherencia interna, los engañosos frutos de la vanidad, que es moneda
de cambio en nuestra literaria república. Mi
enhorabuena incondicional y mi estímulo para que nuestros paisanos y amigos,
puedan tener el privilegio de conocer más de cerca de este don poético,
consustancial a los descendientes de Don Francisco y Doña Juana. Alonso
Velásquez Claro ("nano") | | | | | |
| Cúcuta,
1 de marzo de 2011 Para: Guido Pérez
Arévalo Luis
Cardoza y Aragón, poeta Guatemalteco bien lo decía: La poesía
es la única prueba de la Existencia del Hombre. El
Dr. Guido Pérez, político, catedrático, escritor, historiador
e investigador incansable, nos revela por fin la faceta del poeta. | | En
Mis versos son asi
los espíritus de la poesía
se han confabulado para permitir evidenciar en cada uno de estos versos un claro
testimonio de sus vivencias, sus saudades y sus amores y desengaños que
conmueven y nos contagian de sentimiento cuando creemos sentir los pasos sigilosos
de nuestros abuelos cruzando el dintel de los recuerdos. Qué
quiere que diga, pues tremendo lío en el que se ha metido; le toca seguir
escribiendo porque esperamos la próxima entrega. Un abrazo, Alvaro Claro
Claro |
| Alvaro: Después
del comentario de Alonso, sobre "Mis versos son así...", decidí
tirar mis palomas al viento, sin pretensiones de alto vuelo. La
poesía es canción, es música... Y cantar, decía San
Agustín, es propio del que ama. | | Estas
expresiones hacen parte de lenguaje del alma. En algunas ocasiones, se quedan
en el ámbito de la intimidad, en baúles viejos... Gracias,
Alvaro, por su preciosa nota. Saque usted también sus versos. Un abrazo,
Guido |
|
| ISCALÁ
ETERNA... ALTIVA... FRESCA... SIEMPRE VERDE... SINGULAR, COMO UNA JOYA VIRGEN | | | | Iscalá Del
libro inédito, Chinácota diversa y soñadora, de
Guido Pérez Arévalo
Envuelta
en sus brumas, Iscalá expone sus cimas en uno de los lugares más
hermosos de la Cordillera Oriental. En sus laderas soñaron los chitareros
con un mundo verde, repleto de espigas que anunciaran el pan de cada día;
pero se extinguieron, acosados por el hambre, las epidemias, los tributos y las
presiones de los encomenderos. El eco de sus fiestas continúa en las notas
de la quebrada cantarina que horada el valle y serpentea entre el paisaje.
Los
chitareros dejaron poco para que se les recordara; las investigaciones arqueológicas
apenas registran algunos fragmentos cerámicos prehispánicos, metates,
hachas líticas y lomas terraceadas. Nada más. El
entorno maravilloso, en cambio, se conserva en el verde de sus pastos con los
puntos rojos de la frambuesa silvestre; en la orquídea de figuras caprichosas,
con sus colores mágicos; en las aguas transparentes y en las aves con plumajes
exóticos. En el aire fresco, en las nubes pasajeras, en los árboles
tutelares, en los sonidos del bosque y en los trinos de las aves. Una
mujer hermosa, como la princesa Ilabita, que alguien inventó, y un campesino
recio, con herencia de cacique, enriquecen el paisaje. La montaña, siempre
altiva, está cargada de sueños y de historia. Los
ritos de Iscalama, Chirama y Caipaquema irrumpen en el silencio de la noche y
se convierten en eco de un chorro de aguas cristalinas. El
nopal, invasor de tierra extraña, ha parido una flor amarilla. Sobre la
penca, unas letras anuncian el paso de dos enamorados. Allí quedó
el mensaje, que nadie lo profane. Un
general hizo con sus manos una hacienda, que no fue cuartel para la guerra, cuando
los tambores recorrían con sus ruidos de violencia todos los rincones de
la patria amada; cuando los partidos jugaban a la democracia con la codicia de
sus vientres insaciables. Iscalá
fue tierra generosa: los ganados se cebaban en las pausas de la guerra. Crecía
el trigo y en pan se convertía. Dios mandaba la lluvia y el campesino agradecido
se pegaba a su labranza para criar a los hijos que llenaron las páginas
de los libros eclesiásticos y los apolillados archivos notariales. La
civilización ha modificado el entorno natural, pero no ha logrado arrancarle
sus encantos. Un camino negro quebró sus lomos para que pasaran los cuadrúpedos
modernos, con extremidades de caucho, estelas de gases tóxicos y ruidos
contaminantes. La
casa de Santa Eduviges, ahora está al revés: siguió de cara
al Camino Real que conducía a Toledo. Ese camino se pierde en la nostalgia
mientras la hierba del potrero invade sus memorias. Perdió a sus arrieros,
a peregrinos y turistas, y a los encargados del correo. | | Las
linternas de los guerrilleros pasaban con sus luces tristes por las fronteras
del patio familiar. Formaban una fila sin fin, con sus espectros de miedo y de
miseria. Aquella
casa, de patio con fronteras peligrosas, se quedó en el tiempo. Se paró
en sus años; las comodidades modernas han entrado con alguna timidez. Allí
están sus paredes de tapia pisada, pintadas de blanco y marrón;
también las columnas de madera, los cuartos con techos muy altos. Y, muy
cerca, los corrales, donde las vacas fueron terneras y los toros se turnaron en
mil generaciones para procrear las crías que más tarde se convirtieron
en presas para el peón hambriento o en filetes sobre manteles de tul. En
los rincones duermen los baúles que le ganaron la guerra a las termitas.
Olores de naftalina remplazaron las fragancias naturales de los pañolones
negros con bordes trenzados. Una cinta roja se ha vuelto una corbata para atar
viejas cartas de amor o para sostener un fardo de fotografías, tomadas
con enormes cámaras de madera y fuelle. Un cuaderno, con las hojas deterioradas
por el tiempo y por el uso, registra la inauguración de una escuela rural
o el primer rayo de la bombilla eléctrica, instalada en la esquina de la
casa. Doña
Chepa hacía parte del paisaje, con sus dimes y diretes, pero abandonó
su cuaderno de apuntes y se fue en busca de horizontes infinitos. Santa Eduviges
sin ella no es la misma. Se paraba con la aurora para despedir al marido que iba
por la vaca horra. Regaba sus matas con la totuma de tomar café y recogía
el pichón del tordillo que piaba impotente porque se cayó del nido.
Un puñado
de maíz vuela por los aires, sobre una manifestación de gallinas
que acosa a su dueña. El perro ladra porque llegó el lechero o porque
una piedra del niño, que va para la escuela, zumbó sobre su testa.
En la
cocina se oyen ruidos de vasijas de barro y un hilo de humo, con aromas celestiales,
emerge desde el techo en busca de las nubes. Iscalá
es eterna, preciosa, como una joya virgen; altiva, singular, fresca, siempre verde
| | | Hacienda
Iscalá, antigua residencia del general Ramón González Valencia,
Presidente de la República durante el período comprendido entre
el 7 de agosto de 1909 y el 7 de agosto de 1910. Sucedió al general Rafael
Reyes, por abandono del gobierno. | | |
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