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LEONELDA
LA BRUJA LEGENDARIA | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| "Leonelda no pasaba de 26 años, y su cuerpo era esbelto y su porte gentil, pese a su evidente condición campesina. En el bello rostro de color aceituno y de trazos casi perfectos, brillábanle con fuego misterioso unos grandes ojos negros...". Nació,
creció y seguramente deambula todavía en las afueras de Burgama,
hoy González, un pequeño municipio colgado en las goteras de Ocaña,
pero agregado a la geografía del Departamento del Cesar. Finalmente, "con cepo, grillos, cadenas en los muslos y en las manos y soga en el pescuezo pararon en la cárcel de la aldea". La sentencia no se demoró porque el temor de los terribles maleficios pudo más que la disposición que obligaba al Alcalde de Burgama a consultar su decisión con las autoridades virreinales de Santa Fe. Esa misma noche, la del 5 de septiembre de 1763, María Mandona, en su condición de hechicera mayor, fue colgada de un árbol para purgar sus pecados y los de sus compañeras de andanzas. Muerta la Mandona, sus discípulas, movidas por el afán de la venganza, reanudaron las prácticas diabólicas y se convirtieron en el terror de la región. Doce años habían corrido desde aquellos acontecimientos cuando Leonelda Hernández fue capturada para purgar una condena del Tribunal del Santo Oficio. Se le acusaba de persistir en la hechicería y de haber dado muerte a su marido Juan de la Trinidad. Gozaba de fama de guerrera y aladeaba de poderes sobrenaturales, con los cuales tenía en vilo la vida de los lugareños, que no eran pocos, pues su magia había trascendido las fronteras de los búrburas. Los hombres de la Santa Inquisición armaron el aparato del suplicio en El Alto del Hatillo, conocido ahora como Cerro de la Horca. Al despuntar el día, el verdugo rodeó con la soga el hermoso cuello de la bruja y se dispuso a correr el nudo mortal. ¡Aquí
de los búrburas! gritó ella, con el último aliento. Doscientos
años más tarde, Leonelda regresó al paisaje comarcano. Su
cuerpo aceituno, reencarnado en una preciosa dama de la sociedad ocañera,
cumple su rito anual durante las fiestas de enero, bajo la mirada procelosa de
Don Antón García de Bonilla. Ciro A. Osorio, autor de la leyenda terrígena que hace posible este ejercicio singular, la había preservado como símbolo de belleza hasta cuando los concejales, en una sesión de pesadilla, decidieron quebrar el ensueño y subieron al pedestal de la risa a una figura rechoncha y mulata que no corresponde a la evocación de la Leonelda sensual y tentadora. ¡Aquí
de los búrburas! repetimos ahora los hijos de la Provincia, en una invocación
que pretende desatar el conjuro de los párrafos y los incisos de un Acuerdo
del Concejo Municipal. Tomado
del libro "Barriletes" de Guido Pérez Arévalo | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Nota: La escultura fue retirada, por la presión de toda la ciudadanía. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Fotos: Guido Pérez Arévalo. Desfile de Los Genitores, Ocaña, 29 de diciembre de 2007. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| VER: http://www.laplayadebelen.org/OCANA/GENITORES/OCAÑA.html | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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