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El periodista bogotano y buen amigo Jairo Pulgarín me ha solicitado que escriba, con destino al periódico virtual que él dirige, llamado Chapinero Alto, una cuartilla sobre el tema de qué sería Chapinero (en Bogotá) sin costeños. La sola sugerencia es ya un atrevimiento por parte del comunicador del Altiplano, y carga, desde luego, un tufillo de regionalismo y cierto tinte de discriminación. Pero, bueno, los caribes estamos acostumbrados a todo ello, y a mucho más; como acostumbrados estamos a que para cierta gente no pasemos de ser eso, costeños, simple y llanamente costeños. Pareciera
que cierta gente en este país no se hubiera aún percatado de que
aquello de 'Región Caribe' es una expresión que ha hecho carrera,
y que los otrora "simplemente costeños" empezamos a sentirnos
cómodos, mucho más cómodos, en la dimensión que encarna
esta nueva denominación. Ante todo aquellos que, como los cesarenses y
los habitantes del sur de nuestros departamentos, se han sentido siempre caribes,
pese a las distancias que los separan del mar. ¿Qué
podía yo hacer ante tan temeraria solicitud? He
aquí, entonces, lo que le envié, texto que, complacido, comparto
hoy con los lectores de la columna: "En términos de geografía, Colombia es un país diverso, con siete o más regiones bien definidas. Casi lo mismo se podría afirmar de sus culturas. Pese a todas esas marcadas diferencias -en climas, acentos, cadencias, músicas, comidas- el país ha logrado pensarse y construirse como nación. Nadie
en Colombia quisiera dejar de ser colombiano. Al contrario, el orgullo por lo
propio cunde en cada rincón del país, por 'lo propio-local' y por
'lo propio-nacional'. Si acaso, con frecuencia, algunos salen en defensa de los valores de su región, pero sin negar su colombianidad. Más bien, como parte de ella. Nuestro
destino siempre estuvo, por tanto, marcado por la unidad en un país consciente
de dos cosas. Primero, que somos una nación sólida, y segundo, complementaria.
Así, los enfrentamientos, casi siempre en broma, entre una y otra región (que jamás trascienden los terrenos de la palabra y el humor) expresan, de manera muy especial, esa conciencia de la complementariedad. Por
ejemplo: un día, el destacado periodista Jairo Pulgarín me preguntó:
"¿Qué
sería Bogotá, o Chapinero, sin costeños?". Y
agregué algo importante: "Pero eso sí, mamándonos gallo
unos a otros... | ||||