SAUDADES
Fray Campo Elías Claro Carrascal

VIRGEN DE CHIQUINQUIRA

Virgen morena,
nardo de amor,
quita mi pena,
ten compasión.

Virgen morena,
bella ilusión,
chiquinquireña
del corazón.

Mi vida colma
tu devoción;
con tus encantos
venzo el dolor.

Soy peregrino
del mar de amor,
y en mi camino
tú eres mi sol.

Ando entre sombras
sin tu fulgor,
sin tus miradas
vuelve el dolor.

Chiquinquireña,
Madre de Dios,
dame la eterna
luz del amor.

A la Virgen de Torcoroma

Torcoroma linda,
Torcoroma bella,
Virgen de mi Ocaña,
Virgen montañera,
bajaste del cielo
de la dicha eterna,
mostrando el rostro
de luz y belleza
entre los perfumes
de las rosaledas
y el aura purísima
de las primaveras:
Te quiero, te quiero
con alma muy tierna;
con amor inmenso,
te busco en la pena,
te evoco en mis sueños
de mustio poeta;
te canto y te imploro,
Palomita bella,
Virgen vegetal,
más dulce que estrella
que esclarece suave
las más negras penas!
Torcoroma linda,
Torcoroma bella,
Virgen de mi Ocaña,
Virgen montañera,
Madre de Dios:
dame la pureza,
enciende mi fe
con luces eternas
de gracia y amor!

BAJO EL MANTO DE MARÍA

Ya la noche va ensanchando
Los dominios de su imperio;
Se engalanan los espacios
Con sus luces y destellos.
Surge ya en el firmamento,
Con la gracia de su velo,
Como el velo de las novias,
Transparente y muy esbelto,
Bella luna soñadora
Que despierta los recuerdos
De las horas infantiles,
De las horas del ensueño
Tan repletas de bonanza
y deleites tan serenos,
Que los ánimos restauran
Con sublimes embelesos.

Ya es la hora de las almas;
De las almas que en su pecho
Tienen nidos del Espíritu,
Que esclarece los senderos
y la vida torna santa
Y nos da a gustar lo eterno;
Que traspasa el corazón

Con amores verdaderos,
Sin engaños ni torpezas,
Sin los vicios halagüeños 
Que so capa de virtud,
Son perfidia y son veneno,
Son la muerte y deshonor...

Y en esa hora del silencio
Y dulzuras inefables,
Rica en sanos pensamientos,
Un atleta del Señor,
Prez y gloria del ibero,
Alta cumbre de la España,


De grandezas semillero,
Se consume en oraciones
Que se lanzan a los cielos
Cual las flechas de una aljaba
Disparadas desde el suelo
Por las manos aguerridas
De un olímpico flechero.

¿Quién es ese Capitán
Revestido cual de fierro
De armaduras relumbrantes
De colores blanco y negro?
Es Domingo, el español,
De su raza limpio espejo;
De la estirpe de los héroes
Que con mágico denuedo
Dilataron invencibles
De la Iberia el claro imperio.

Tiene el rostro bien garrido;
y la lumbre de un lucero
En la frente tiene hermosa;
Cautivante el centelleo
De sus ojos de vidente
Que avizoran entreabiertos
Los desfiles incontables
De los hijos del Cordero,
De los bravos paladines
Que en el árido desierto
De la vida y sus tristezas,
Coronaron sus esfuerzos
Con laurel inmarcesible...

Y en los piélagos inmensos
Del amor que da la Gracia
A las almas de los buenos,
El Mejor de los Guzmanes
No encontró de sus guerreros
Las falanges y escuadrones...

Sus invictos caballeros,
Flor y nata de heroísmo;
Y sus sabios tan egregios,
Y sus mártires valientes
Defensores del Eterno;
Y la gloria de sus vírgenes,
Puro aroma de los cielos;
¿Qué se hicieron?
¿Dónde moran?
¿Do se esconden?

¿Cuál su asiento?
¿Ni un perfume de sus vidas?
¿Ni un recuerdo ni un solo eco.
De sus cantos, de sus triunfos?
Y Domingo siente el pecho
Lacerado por la pena;
Y en el ámbito sereno
De sus ojos extasiados
Surge el pálido cortejo
De las lágrimas dolientes...

Mas Jesús con manso  vuelo
De paloma se dirige
Al Patriarca que en su anhelo
Saber quiere de sus Hijos
La morada y dulce asiento:
- ¿Cuál la causa de tu llanto?
- ¿Por qué lloras sin consuelo?

Y Domingo se querella
Respondiendo al Nazareno:
- Yo me abismo en la tristeza;
Ví de Dios en los veneros
Las dulcísimas visiones,
Los encantos y misterios
Encerrados en la gloria.
Ví los astros de lo eterno
En su giro sobrehumano
Engolfándose en el seno
De la inmensa eternidad!
Ví los almos mensajeros,
Los profetas ardorosos,
Los patriarcas y los pueblos
Exaltados por la Gracia;
Y el desfile siempre inmenso

De las ínclitas falanges
Seguidoras de tu reino...

Mas ¿ mis Hijos dónde están?
En la Patria de los buenos,
¿Do refulgen los escudos
de mis bravos caballeros?
- Cese, cese tu dolor!!!
A tu Orden yo la he puesto
bajo el manto de María!
Gobernados con el cetro
De mi Madre celestial,
Son tus Hijos los veleros
Impelidos por la gloria,
Que en el ancho mar del cielo
Se deleitan con María,
Casta fuente del consuelo!
Tal respuesta dio sonriente
El Señor de tierra y cielo
Al intrépido Patriarca
Que con mágico denuedo
Batalló sin paz ni tregua
Contra el mundo y el averno.

Bajo el manto de zafir
De la Reina de los cielos
Vio Domingo la blancura
Del sayal siempre egregio
Como lirios y azucenas
Que  perfuman el sendero,
Como garzas y palomas
Que descansan de su vuelo,
Alumbradas por el astro
Que embellece los esteros
Con matices de arrebol...

Y Domingo, todo lleno
De intensísima emoción,
Como rico pebetero
De fragancias inefables,
El aroma de sus ruegos
Devotísimos exhala;
Y el semblante tiene bello
Como rayo de la aurora;
Y el semblante tiene bello
Como rayo de la aurora;
Y la lumbre de un lucero
En su frente fulge hermosa;
Cautivante el centelleo
De sus ojos de vidente
Que avizoran entreabiertos
Las grandezas de su Orden,
Lo sublime de lo eterno!!!!

Rubio, mayo 19 de 1943

 

 

TU IMAGEN

Homenaje de gratitud y amor a la Virgen de Chiquinquirá

Recuerdo tu Imagen, dulzura del alma,
Espejo que copia la luz de la gloria;
amor embriagante de paz y de calma,
Belleza que fulge y se lleva la palma
e inunda de aromas la frágil memoria.

¿Por qué con el tiempo tu Imagen no olvido?
¿Por qué con la ausencia mi amor se agiganta?
Ah! Es que te quiero y adoro rendido!
Doquier te contemplo, dulcísimo nido,
Do posa la dicha y ternura más santa!

Sueño, y Tú en mis sueños radiante te asomas;
lloro, y Tú en mi llanto restañas heridas,
Heridas que cubres de suaves aromas;
Sonrío, y Tú en mi gozo, cual níveas palomas,
Delicias recatas de lumbre vestidas.

Mis ojos te buscan, te anhela mi pecho;
Te busco en la fronda cargada de flores;
Te busco en el ponto por olas deshecho;
Te miro gozoso en el húmedo techo
que forma la noche de luna y de amores.

Te busco en mis penas; te busco doquiera,
y sólo te encuentro, bañada de luz,
del alma en el fondo que, cual bíblica era,
florece en canciones e igual que la cera,
tu rostro dibuja con el de Jesús!

Mi alma te tiene, te tiene grabada;
el tiempo no puede tu afecto entibiar,
la flor del cariño en Ti perfumada,
ofrécete y en tanto se pone a llorar!

Llorar! Las lágrimas son prenda de amor;
mis lágrimas dicen lo mucho que te amo;
te dicen que sufro, que es grande el dolor;
que pienso en tu Imagen y que el corazón
anhela y suspira morir a tu lado!

¿Por qué con el tiempo tu Imagen no olvido?
¿Por qué con la ausencia mi amor se agiganta?
Ah! Es que te quiero y adoro rendido!
Tus ojos, mis ojos alumbren, te pido,
porque eres belleza que arroba y encanta!


Esta poesía la escribí hace años en Rubio (Venezuela) pensando en la Virgen de Chiquinquirá, tan querida de papá y mamá y de toda la familia.

LA VIRGEN DE NICOMEDIA

Joven y bella, se ofrendó tu vida
en las aras sangrientas del martirio.
Y llegaste a la muerte como un lirio,
pura y sencilla, de  candor vestida.

Empurpura la sangre tu partida.
Mas tu alma esplende como un cirio,
que en la noche de horror y de delirio,
da a tu patria vislumbres de otra vida.

Glorioso sino, soberana estrella,
plasman, forjan tu divina ventura,
que a nuestros ojos con amor destella.

En Dios colgaste el nido de tu anhelo;
por eso, hoy sin sombras de amargura,
extasiada te embriagas en su seno!

Nota: Es un homenaje a Santa Bárbara,
Patrona de Rubio.


ES MARIA  MI VIVIR
(A la manera de San Juan de La Cruz)

En una noche obscura,
con llanto, de gracias constelada,
hallé mi alborada,
estando ya mi alma con mi amada,
¡oh suave dulzura!

En medio a mi amargura,
por la secreta senda entristecida,
¡oh suave dulzura!,
mitigué mi herida embellecida,
estando ya mi alma aridecida.

En mi pena dichosa,
con amor y esperanza encendida,
mi alma luminosa,
de amores mil ardida,
por los espacios vuela enardecida.

Y busqué mi consuelo
por los campos fragantes del amor!
¡Oh mi dulce cielo!
¡Oh mi suave resplandor,
sobre mi tristeza y mi dolor!

Es mi amada, María,
luz y Estrella en un cielo de zafir!
En mi noche sombría,
en mi inmenso sufrir,
es María con Jesús mi vivir.

Romance histórico
TU MACETA SEA EL ALTAR


ICuida Rosa con esmero
una maceta de albahacas,
cuyas hojas tembladoras,
cuyas hojas siempre blancas,
cual la nieve de las sierras,
le recuerdan a su alma
lo fugaz de nuestras vidas,
la belleza de su patria,
que es el cielo, que es la gloria!
y los goces que la embriagan,
cuando envuelta en su manteo,
con su linda, bella cara,
va rezando avemarías
y recibe en las mañanas
el Amor de los Amores.

De su aljibe saca el agua;
de un aljibe que en su huerto
sirve al riego de las matas,
que vestidas de hermosura,

rebosantes de fragancias,
se conmueven a los soplos
de las brisas y las hadas.
Qué cuidado tiene Rosa
con la hojas de su albahaca!
Siempre mira su maceta,
que es la lumbre, que es la gala
de su patio bienamado.
Cómo piensa, enajenada,
que, cuando esté todo hermoso
el encanto de su albahaca,
dará al aire sus aromas
de la Virgen a las plantas,
de la Virgen del Rosario
que en las penas y en la calma
es la luz de sus pupilas.

 II
Mas un día la maceta
desparece de la casa.
Quién trocó los embelesos
en tristezas? y la albahaca...?
"Fue, fue mi hermano... -piensa ella-
que ya vino con sus chanzas"...
 "Me botaron mi maceta!"
Y en lo recóndito del alma
 se entristece por la pérdida
 del encanto de su albahaca...

Vuelve Rosa a la oración;
sus oídos se regalan
con el habla de Jesús:
"Rosa, dónde está tu mata?"
"Tu maceta yo la he roto!"
"Rosa, Rosa tan ingrata,
olvidándote del mundo,
tu maceta sea el altar,
do te espero noche y día
para dicha de tu alma!"
"Mis amores, tus quereres;
el perfume de tu albahaca,
el amarme sin medida
con intensas llamaradas!"


Desde entonces la LIMEÑA,
la purísima peruana,
la gentil, esbelta Rosa
fue más buena y fue más santa;
comprendiendo su destino,
derramando mil plegarias,
su maceta fue el sagrario;
el perfume de su albahaca,
el amor de los amores.

OTRA VEZ  EN MIS CANTARES

Otra vez en mis cantares
la tragedia de Estoraques,
pétreos monstruos prehistóricos,
silenciosos testimonios
de caóticos misterios
de las Aguas y los Vientos,

de las Fuerzas de Natura,
empujadas por los Hados,
que en fatídicos combates,
siembran muerte y destrozan
bosques, flores y pastales,
la hermosura de las eras,
el verdor de cafetales,
la sonrisa de los trigos,
y el dulzor de la arrayana.

Otra vez en mis cantares
la sombra muda y trágica,
el recuerdo permanente,
la lección dura y fuerte
de los recios Estoraques,
que proclaman sin cesar
el efímero proceso
y las ruinas espantosas
que rodean al mortal,
si se olvida el Evangelio,
si la fe se anonada
con programas ilusorios
y progresos sin la Cruz,
con que Cristo redimió
razas, pueblos y naciones,
y sigue iluminando
nuestra era con Amor.

Estoraques: grito mudo
de lecciones y de alertas
que a La Playa se trasmiten
cual consejos celestiales
contra el Mal y sus satélites,
contra vicios y pecados
que marchitan las costumbres
y destruyen los hogares
y aridecen el semblante
dulce y bello de sus campos,
limpio y sano de sus casas,
blancas cual mansas palomas
que reposan en sus huertos,
bajo un sol primaveral,
entre brisas y follajes
y el calor de la amistad.

Que renazca el entusiasmo
en todos los espíritus!
Que se unan los playeros
para el Bien y la Verdad
en los campos del Progreso,
que es Cultura y Bienestar,
que es Esfuerzo y Calidad
que es Virtud y Lealtad!

Estoraques legendarios,
musa siempre de mis sueños,
otra vez en mis cantares
de esperanza e ilusión,
con sus torres milenarias
de arenisca y aluvión!

La Playa, enero 6 de 1997


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