NUESTRA REALIDAD ENERGÉTICA
Segundo Antonio González C.
Consultor
Bogotá, octubre de 2009

Por estos días en que se habla de posible riesgo de racionamiento eléctrico, según lo anuncia el mismo gobierno -esto, por disminución drástica en los embalses, debido al ya largo verano-, los Colombianos debemos hacer una valoración sobre nuestros propios hábitos de consumo: electricidad en los hogares, utilización del vehículo particular, uso responsable del agua, etc. Pero también el Estado debe revisar con objetividad, si se está haciendo lo necesario y conveniente para que Colombia sea un país con la garantía del suministro energético que requieren sus habitantes, su industria y sus programas de desarrollo de largo plazo.

También hemos tenido racionamiento del gas vehicular, según se dice, por mantenimiento de Unidades Compresoras en los campos de producción y en los gasoductos. No obstante, de ser eso cierto, suena más bien a imprevisión y genera gran incertidumbre en los usuarios de gas vehicular y en las plantas térmicas que utilizan el gas como materia prima de generación de energía eléctrica, en momentos en que el Estado hace esfuerzos por adelantar programas de conversión a la utilización del gas como combustible en los vehículos a gasolina.

Es particularmente insólito que siendo Colombia un país rico, con tantos y diversos recursos energéticos, estemos ad portas de un nuevo racionamiento de Energía. No aprendemos las lecciones ya recibidas del racionamiento de energía eléctrica en 1992, que ocasionó tantas pérdidas a todos los sectores económicos y que puso en duda si Colombia era un país competitivo.

Estos hechos, ¿serán claras señales de que Colombia no esté haciendo lo suficiente en materia de desarrollar sus ricas fuentes y recursos Energéticos renovables y no renovables?; O será que las decisiones no se toman a tiempo o no se les mira con la trascendencia y la importancia que tienen. Es bueno conocer si el Estado hoy en día tiene la visión de un portafolio energético, que le permita un desarrollo balanceado y no excluyente de los diferentes actores que lo conforman.

Finalizando la década de los noventa, se decía que la autosuficiencia en petróleo no iría más allá de 2004; la década de los noventa fue particularmente una década con mínima exploración en hidrocarburos y mínima inversión, y no se hizo mucho por incentivar esta Industria, como tampoco en la actualización de las dos más importantes Refinerías que tenemos. Se perdió mucho tiempo en la toma de las decisiones por parte de los organismos encargados de estos manejos, que nunca pudieron llevar un mensaje de la urgencia que el país debía y tenía, de explorar nuevas áreas y de hacer una política que atrajera la inversión. Es muy dudoso que la Industria petrolera en esa década casi perdida, hubiera estado en manos expertas y conocedoras como debe ser, de una Industria de tal importancia y que ya tiene una historia de 100 anos en Colombia; y con dos vecinos avanzados en esta materia, como lo son Ecuador y principalmente Venezuela, de quienes pudimos haber aprendido mucho.

Todavía a inicios de esta década del siglo 21, discutíamos si debíamos hacer algo por incentivar el sector petrolero. Fue notable que en el 2002, se hayan establecido las regalías escalonadas o diferenciales de acuerdo a la producción de los Campos. Esto y las acciones tomadas posteriormente, en reglamentar el desarrollo de los campos marginales, las producciones incrementales, hizo que el Sector de los Hidrocarburos se incentivara y llamara la atención de los inversionistas, dinamizando esta Industria.

 

Todavía no se logra entender como el país, habiendo tomado todas estas buenas acciones mediante una Ley y el decreto 1760 que creó a Ecopetrol S.A. y la ANH, hubiera aceptado la extensión de los Contratos Cravo Norte y Guajira, campos estos muy lejos de ser Marginales en el momento de esa negociación, una decisión que seguirá pesando para la economía Colombiana y que no fue cuestionada lo suficiente por el Congreso Nacional, y pasada por alto por quienes tenían la responsabilidad de proteger los intereses nacionales y con mayor razón, cuando ya se le habían dado a Ecopetrol las condiciones de privatizar parte de sus activos. Colombia debe en estos momentos de incertidumbre energética, ser consciente de estas faltas, omisiones y malas decisiones del pasado inmediato, para no repetirlas. En un escenario más amplio como el que hoy tenemos, debemos administrar bien, ya no solo los recursos energéticos no renovables que aún poseemos, como son el petróleo y el gas, sino los recursos energéticos renovables como el sol, el viento, el agua y las cadenas de recursos que vienen del agro y que deben ser regulados y controlados mediante políticas públicas muy estrictas.

¿Cuál es nuestro futuro? No hay la más mínima duda, que apostarle al desarrollo de recursos que poseemos en abundancia, como son las Energías renovables, el sol, el viento, los biocombustibles, y los alcoholes carburantes, para también así alargar la autosuficiencia petrolera y pensamos que debe iniciarse el trabajo en energía nuclear con fines industriales y de generación eléctrica, además de ampliar la generación térmica, para hacer frente a los famosos fenómenos del Niño y la Niña. Ya la Universidad Nacional ha valorado la gran potencialidad del viento en la Costa Atlántica de algo así como 20.000 MW, que supera ampliamente nuestra capacidad actual de generación que es de 13.400 MW. España en la actualidad, el 15% de la energía eléctrica que consume, proviene del viento. Nuestro país debe evaluar en su totalidad todo este potencial, no solo en las costas y mares, sino en las zonas de cordillera, llanos orientales y en las pequeñas localidades aún hoy no interconectadas. Debemos evaluar la generación en pequeñas centrales y cumplir con los grandes Proyectos Hidroeléctricos producto de las subastas, ya que estos toman mucho tiempo en su ejecución: de no cumplirse estos programas dentro de lo planeado, Colombia seguirá en los riesgos del racionamiento en el futuro.

Deseamos que no se agraven estos problemas, que se cumpla el periodo de lluvias de final de año y que todos contribuyamos a utilizar con responsabilidad los recursos que hoy tenemos a disposición, no malgastando la energía, ni el agua y que el Estado pueda diseñar también con responsabilidad, unas políticas públicas que nos lleven a la buena utilización de los recursos de energía que le permitan a Colombia estar blindada, al menos por un largo periodo de tiempo, que brinde garantías suficientes para que el país siga su desarrollo normal.

Se requiere trabajar duro por parte del Estado y ser consientes todos, de que la Energía es un elemento fundamental para el bienestar y desarrollo de un país, y fundamentalmente entender que su utilización debe ser eficiente, de bajo impacto para el medio ambiente y con un concepto de sostenibilidad y bajo riesgo de conflictos.

Vale la pena tener presente que "de la manera como desarrollemos los recursos Energéticos, renovables y no renovables, esto será un factor determinante de la Sostenibilidad".